FELIZ 2018, NUEVOS PROPÓSITOS

FELIZ 2018, NUEVOS PROPÓSITOS

Podría inventarme mil excusas por las que justificar que llevo sin actualizar el blog desde marzo del año pasado, pero no lo haré. Sólo voy a dar una y ni siquiera es la falta de tiempo: sino mi pequeño cascabel.

Contenta por haber disfrutado cada segundo que he podido de ella, un poco apenada porque me ha faltado tiempo para mí. Hago balance de este año que pasa y puedo decir que he vivido cada segundo por y para ella y para mi trabajo, y aunque no me arrepiento ni un poquito, quiero recuperar un poco de mi espacio, poner en marcha proyectos que he ido rumiando todo el año y alcanzar nuevas metas, poco a poco.

La jodía me lo va a poner bien difícil, tengo la suerte de que nos lo pasamos como dos enanas juntas, nos basta mirarnos para estallar en carcajadas y nos hemos convertido la una en la prolongación de la otra: uña y mugre, nariz y moco. He vuelto a mi infancia: chapoteo en la bañera, hago carreras de coches, me arrastro en plan comando, soy capaz de leer mil y una veces el mismo libro o ver la misma peli – siempre y cuando lo hagamos fundidas en un abrazo -, me tiro por el suelo a jugar con las perras, peino ponys, pinto con los dedos y me atiborro a gusanitos. Compartimos durante media hora un helado cucharada a cucharada media-pa-ti-media-pa-mí, saltamos encima de la cama, nos tiramos por el tobogán de la urba – juntas si no hay vecinos a la vista-. Nos reímos de los pedetes, chillamos de ilusión cuando se abre la puerta y llega papá, pasamos el tiempo muerto haciendo cosquillitas en los brazos la una a la otra o rascándonos la espalda. Saltamos. Bailamos primero canciones divertidas luego lentas. Tarareamos todas – porque por supuesto nunca nos las aprendemos – y al final del día nos acostamos y leemos – tres cuentos ni uno más ni uno menos – y terminamos contándonos secretos al oído, risas bobas y dormidas la una abrazada a la otra. A veces consigo despertarme y ponerme en pie una hora más tarde para trabajar pero por lo general mi cuerpo se niega a hacer caso a la porculera de mi mente y sigo abrazada a ella hasta que mi espalda hecha un ocho gana la batalla y me arrastro a una cama de mi tamaño.

Por la mañana trabajo sin descanso para poder pasar así las tardes que no tengo sesión. Podría mentiros y deciros que mis tardes son peores pero por lo general llevan incluidas unos cuantos “que presiosa eres mamá” y otros tantos “te quiero mucho mami” o “ayudaa no más cosquillas”. Sí, la jodía niña me lo pone difícil, ¿cómo renunciar a pasar la tarde con ella cuando me lo paso mejor que nunca? Y aun así y a pesar de todo lo bueno, me falta tiempo para mí.

Mis nuevos propósitos para el nuevo año se reducen a sólo uno: no renunciar a estos maravillosos recuerdos y compaginarlos poco a poco con esos proyectos. Estoy segura de que llegará el momento en que pueda ponerme de lleno a ellos, pero sus 2 y 3 años no se repetirán.

Por ello no me comprometo a escribiros periódicamente, pero es por un gran motivo, el mejor.

Os deseo a todos un feliz 2018.

 

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